Iquitos no se limita a conmemorar la Amazonía como un decorado exótico ni como una postal útil para el turismo. Durante cinco días, la capital amazónica se propone interpelar al país desde su centro más profundo y más incómodo. El Día de la Amazonía Peruana, que se realizará del 8 al 12 de febrero bajo el lema “Descubriéndonos desde el Amazonas”, plantea una pregunta de fondo: ¿qué Perú se ha construido de espaldas a su bosque?
El inicio es elocuente. El domingo 8, al amanecer, el río Amazonas deja de ser fondo paisajístico para ocupar el centro de la escena con una maratón fluvial. El gesto no es menor: cuerpo, territorio y resistencia confluyen en un acto que recuerda que la Amazonía no es solo un espacio natural, sino una experiencia vivida. Ese mismo día, la gastronomía indígena y el conocimiento de las plantas medicinales reinstalan una verdad frecuentemente ignorada: en la selva, el saber no se acumula en archivos, circula en prácticas que garantizan la vida. El evento es organizado por Iquitos Cultural y el Parlamento Amazónico.
La inauguración oficial, el lunes 9, marca el ingreso a un itinerario intelectual que atraviesa disciplinas y generaciones. Antropología, literatura, arquitectura e historia dialogan en hoteles, bibliotecas y auditorios universitarios, pero con una premisa clara: escuchar a la Amazonía desde sus propias voces. En ese marco, el protagonismo de las mujeres amazónicas no responde a una corrección política tardía, sino a la urgencia de restituir memorias sistemáticamente desplazadas.
La literatura ocupa un lugar estratégico. Escritores e investigadores discuten una tradición amazónica que no es marginal ni decorativa, sino parte constitutiva del imaginario peruano. Lejos del exotismo, la palabra amazónica emerge como relato crítico frente a una historia nacional escrita, demasiadas veces, desde Lima y para Lima.
El martes 10 y el miércoles 11 profundizan esa discusión. Cosmovisión, arqueología, arte y fotografía se cruzan con debates sobre innovación, inversión regional y vínculos entre universidad y empresa. No se trata de enfrentar tradición y modernidad, sino de pensar un desarrollo que no se imponga como devastación. En esa tensión se juega, quizá, el futuro inmediato del país.
El jueves 12, el cierre adquiere un tono político y simbólico. El Parlamento Amazónico propone deliberar desde la región, mientras la ceremonia al río Amazonas, en homenaje a Luis Repetto Málaga, devuelve al agua su condición de memoria colectiva. El río no como recurso explotable, sino como sujeto histórico.
Participan intelectuales y creadores como Roger Rumrrill García, Pedro Favarón, Christian Bendayán, Cecilia Bákula y Rafael Otero Mutín, junto a investigadores y gestores culturales de distintas disciplinas. Destaca, además, la presencia de Juan Yangali, jefe de la Biblioteca Nacional del Perú.
Esta no es una celebración complaciente. No promete respuestas fáciles ni consensos inmediatos. En tiempos de discursos simplificados y extractivismos acelerados, el Día de la Amazonía Peruana apuesta por algo menos rentable, pero más urgente: pensar antes de decidir, escuchar antes de intervenir y narrar antes de olvidar. Porque la Amazonía no es el futuro del Perú. Es su presente no resuelto.


